Camino junto a él. Tengo miedo de que se dé cuenta
de que cada vez que su mano roza accidentalmente la mía mi pulso se acelera.
Tengo miedo a que me pille mirándole mientras él mira hacia el horizonte, y es
por eso que me obligo a mantener la mirada baja, clavada en nuestras
zapatillas, pero cuando me despisto un poco, vuelvo a mirarle.
Cuando me
devuelve la mirada, le observo mejor. Sus ojos son oscuros pero brillantes y
cálidos, sus pestañas largas, su sonrisa blanca y perfecta, y los hoyuelos que
aparecen en sus mejillas cuando sonríe.
Quiero
agarrar su mano hasta que nuestras vidas se acaben. Quiero abrazarle hasta que
desaparezcan las fronteras entre su cuerpo y el mío. Quiero besarle hasta que
ambos quedemos sin aire.
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