No recuerdo en qué época fue, ni recuerdo cómo sucedió todo,
realmente apenas consigo vislumbrar algunos flashbacks de aquella estrepitosa ¿relación?.
Lo que sí consigo ver aun con total nitidez son sus ojos, sus interminables
piernas y su sonrisa pícara, capaz de convencerte de la mayor locura que se le
pudiera pasar por la cabeza a aquella electrizante mujer. ¿Cómo nos conocimos?
¿Acaso eso importa? Lo importante es que nos conocimos, nos desconocimos y
volvimos a conocernos tiempo después para convertirnos en lo que a ella le
gusta llamar “amigos”, mientras que yo lo suelo adjetivar como “fracaso”. Porque
pudimos ser tanto, y nos quedamos en tan poco.
Si me pongo a rememorar, lo primero que se me pasa por la
cabeza son las miradas que nos echábamos, era una mirada capaz de atravesarte, hacerte
sentir en un segundo lo que muchas personas no eran capaces de transmitirte en
horas de aburrida conversación. Ella tenía energía y la transmitía, transmitía
positivad, fue con ella cuando mis bajones disminuyeron hasta casi desaparecer
y ha sido con su perdida cuando han aumentado hasta límites que jamás pensé.
Pero dejemos de piropear al demonio.
La muy… me abandonó a mi suerte, a mi pesar. Y se escudó en
baratas excusas para intentar hacerme sentir mejor, cosa que no consiguió. Y es
que, cuando una persona depende tanto de otra, corre el riesgo de que, lamentablemente,
ésta le falle y cuando eso ocurre las locuras, las miradas sensibles, los celos
aparentemente inexistentes y todos los gratos pensamientos que tenías sobre
ella se convierten en asco, en desprecio y en una sensación de amor-odio difícil
de definir con la única arma que poseo para estas situaciones: las palabras.
Aun recuerdo cuando me decía cuanto me quería, cuanto me
necesitaba… Ahora se lo dice a otro gilipollas, como yo, pero menos genio y
algo más humilde. Le pegaría una paliza. Quizás me equivoque, que es lo más
posible, pero mi situación hace que me convenza a mi mismo de que él no la merece
y de que ella aún me echa de menos. Y es que aun sin quererlo, la quiero como
nunca había querido a alguien hasta que la quise.
Y es que aun sin querer que vuelvas (O eso me gusta decir),
a ratos también te echo de menos.