Cielos
no sabían nada.
Llegó tarde,
la habitación ya vacía
y sólo recuerdos
y vagos olores
volando.
Hubo sueños un día,
pero nadie los soñó,
quizá fue la vida;
una cáscara
sin nada que proteger.
Y se fue pronto.
Lloraba o reía,
no lo sé.
Ni quiero saberlo.
Buscaba en su sexo
lo que era.
El sexo sólo lloraba.
Creí conocer
todo lo que era.
Ella creía conocerme,
y soy
- no se si-
el águila o el ciervo.
Pero yo mismo me persigo.
Y siempre llego tarde,
y siempre me voy pronto.
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