miércoles, 2 de julio de 2014

《...》

《desperté sola en aquel diminuto apartamento, en el centro de una gran ciudad, ¿qué hora sería? No había amanecido aún, es más, dudaba que hiciera más de dos horas de la puesta de sol. El frío de la noche se colaba por esa pequeña rendija entre el marco de la ventana y la pared, el viento soplaba, y podía oler la humedad. Me incorporé, pues, el viento no era lo único que se oía. Aguanté la respiración para centrar toda mi concentración en esos pequeños golpes que al parecer provenían del baño. Me armé de valor, no me quedaba otra opción. No era la primera vez que ocurría esto. Ahora supe que debían ser las doce en punto pues, siempre se oían a esta hora desde hace dos meses. Cada día más fuertes e insistentes. Solo la primera noche me atreví a investigarlos, ahora pensaba ir más preparada. Volvía a estar esa luz roja colándose por debajo de la puerta del baño. Y ese olor a fétido a mesura que me acercaba. Todo se quedó frío, puse la mano en el pomo, tan helado como mi mente en esos momentos, abrí la puerta, y...》

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