Querido amigo:
He dejado de ser la idiota a la que conociste.
La idiota que lloraba todas las noches bajo las sábanas, cuando todos estaban dormidos, en medio de la oscuridad, y no solo en la de su dormitorio, sino también en la oscuridad de sus pensamientos. He dejado de ser la idiota que sonreía cada vez que se cruzaba con alguien e intentaba no llorar frente a ellos.
He dejado atrás el dolor de mis heridas internas. He abandonado todos esos malos recuerdos que volvían a mi mente siempre que no estaba ocupada.
Casi no recuerdo mis penas, mis preocupaciones, mis debates conmigo misma. Las marcas de mis mejillas, aquellas que dejaron las lágrimas, han desaparecido casi por completo. Las heridas de mis muñecas han cicatrizado, pero cada vez que las miro me recuerdan a mi trágico pásado, en el que mi verdadero yo se encontraba escondida tras una máscara con forma de cuchilla, cuando pensaba que el dolor de mis heridas internas saldrían al cortar la piel, cuando deseaba llorar por el dolor de esos cortes en vez del sufrimiento con el que convivía.
He cambiado.
O mejor dicho: He crecido.
lunes, 26 de mayo de 2014
Cambiar o crecer
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